Por: D´Mar Córdoba Salamanca – Director programático Escuela Libertad.

En Colombia, el conflicto armado ha dejado una huella imborrable en el tejido social del país,impactando de manera desproporcionada a la población civil y a los miembros de la fuerza pública. La magnitud de este impacto, documentada meticulosamente por el Ministerio de Defensa y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), revela una realidad que, aunque conocida, sigue siendo difícil de asimilar completamente.

Con más de 400,000 miembros de la fuerza pública víctimas del conflicto, el país se enfrenta a una realidad ineludible: la necesidad de reconocer y reparar a aquellos que, en cumplimiento de su deber, fueron blanco de violencias inenarrables. Los secuestros, las heridas por minas antipersonales, las desapariciones forzadas y el desplazamiento forzado son solo algunas de las modalidades de violencia que han afectado a estos hombres y mujeres, dejando secuelas profundas no solo en ellos sino también en sus familias y comunidades.

El informe del CNMH, por su parte, pone de manifiesto la complejidad del conflicto colombiano, documentando 262,197 muertes entre 1958 y 2018, de las cuales la gran mayoría eran civiles. Este recuento histórico subraya la brutalidad de un conflicto que ha desgarrado el alma nacional, dejando una marca indeleble en la memoria colectiva del país.

Sin embargo, más allá de los números y las estadísticas, lo que estos informes revelan es el costo humano del conflicto. Detrás de cada cifra hay historias de dolor, sacrificio y, en muchos casos, heroísmo anónimo. La fuerza pública de Colombia, en su lucha por mantener el orden y proteger a la ciudadanía, ha pagado un precio alto, enfrentándose no solo a la violencia armada sino también, en muchas ocasiones, a la incomprensión y el olvido de la sociedad a la que sirven.

Es imperativo, por tanto, que el proceso de paz y reconciliación en Colombia incluya un reconocimiento explícito y acciones concretas hacia la reparación de los miembros de la fuerza pública que han sido víctimas del conflicto. La paz verdadera solo se logrará cuando todas las víctimas sean reconocidas y cuando el sacrificio de aquellos que defendieron al país sea valorado y honrado adecuadamente.

La tarea de construir paz es compleja y requiere del compromiso de toda la sociedad. Debe basarse en el reconocimiento de todas las formas de victimización y en el compromiso con la justicia, la verdad y la reparación. Solo entonces, Colombia podrá cerrar este doloroso capítulo de su historia y avanzar hacia un futuro de reconciliación y paz duradera.

La paz en Colombia es una deuda pendiente no solo con las víctimas civiles del conflicto sino también con aquellos que, vestidos de uniforme, enfrentaron las adversidades de una guerra que muchos esperan quede en el pasado. Reconocer, reparar y honrar a la fuerza pública es un paso indispensable en el camino hacia una paz completa y sostenible. Es hora de que Colombia, en su conjunto, asuma esta responsabilidad.